Contra la Culpa

02.08.2014 15:19

Contra la culpa

A veces no sabemos ni siquiera el porqué de continuar sintiéndonos culpables por algo sucedido en el pasado. La exploración de nuestras mas íntimas creencias, puede desvelar las claves para evitar caer en ese estado.

De todas las formas de autosabotaje que elegimos para renunciar a nuestra propia felicidad, probablemente la culpa, mantenida en el tiempo, sea de las más devastadoras.

Sin intentar entrar en magisterios ni teorías sobre la misma, lo cierto es que aparte de los estudios realizados por profesionales de la psicología o psiquiatría, poco sabemos a nivel popular de la culpa. De hecho mucha gente la considera una reacción normal ante una acción propia que contraviene las normas establecidas, acrecentada en nuestra cultura por una herencia de carácter religioso, que considera la culpa como algo merecido si se contravienen esas normas y desde luego, en ese caso, necesaria de experimentar y expiar. Se trata de sufrir el castigo por ir en contra de mandamientos o enseñanzas impuestas y así someterse a la acción purificadora del arrepentimiento, normalmente doloroso (emocionalmente, e incluso en casos extremos que rayan en el fanatismo, físicamente) para que, con ese dolor, queden pocas ganas de repetirlo y, dentro del ámbito puramente religioso, se proceda a la búsqueda del perdón a través de la autoridad de un representante de esa religión, sin la cual la culpa no será jamas perdonada.

Es por ello que en muchos casos la culpa nace como necesidad, como búsqueda de solución ante un supuesto mal que se ha cometido, simplemente porque no se conoce, porque en nuestra cultura no está visible para nosotros, que el perdón, el propio para uno mismo, es la fórmula más efectiva para evitar caer en una continua angustia, que lleva a sufrir y hacer sufrir a quienes están al lado y a la dependencia y por tanto al control interesado, de terceros.

Hace un par de entradas en este blog hablábamos de errores. Decíamos que, bajo nuestro punto de vista, el error es un mecanismo concreto que está puesto ahí para comprobar que puede fallar si llevamos a cabo una acción de una determinada manera y para saber, a través de la investigación del porqué de su comisión, qué no debe hacerse en similares circunstancias posteriores. Parte de la cultura de error igual a fracaso que tenemos en nuestro país y de la que hablábamos también, se realimenta de la culpa y viceversa. Y este binomio es azuzado y sistemáticamente insertado desde niños en la mente, haciéndolo consustancial, invisible a nuestros ojos y considerado como algo normal y natural.

Su fin es cumplir la sibilina función de provocar el miedo, que hace que el individuo pueda ser más fácilmente controlado. Primero por los padres, por un deseo (a todas luces equivocado por sus consecuencias posteriores), de protección. Después, por diversos poderes, públicos o privados, e incluso por otras personas que dominan la activación de ese mecanismo aprendido, en un propósito obviamente más oscuro que el de la protección.

Error, por tanto, igual a fracaso, fracaso igual a culpa, culpa igual a dolor, dolor igual a miedo a cometer errores y así en un círculo vicioso que mantiene a la persona bloqueada, temerosa y sin capacidad de reacción.

En ese sentido, conviene revisar la culpa, sobre todo la mantenida en el tiempo, desde el punto de vista de reflexionar sobre si esta es producida por un mecanismo automático aprendido. La validez del descubrimiento de porqué se produce y su peso real mas allá de convencionalismos culturales aprendidos, constituye el mejor medio de avanzar hacia el perdón propio, mucho más importante para nuestra vida y desarrollo que el ajeno.

En este proceso el facilitar a la persona mecanismos para esa reflexión, para la liberación y el perdón, constituye una de las labores más gratas y enriquecedoras para una empresa de transformacion de vida.

JB